¡Las vacaciones son para toda la familia, y sin duda eso incluye a sus miembros más peludos! Esta es la filosofía que trajo hasta nosotros a Ramón, un simpático perrito que, junto a su familia, viajó desde las cálidas tierras de Valencia para descubrir los secretos de Cantabria. En La Riguera de Ginio, su primer hogar en tierras cántabras, Ramón fue recibido con todos los honores de nuestro servicio Pet Friendly.
Su aventura fue una ruta impresionante que nos permite mostraros la diversidad y la belleza de nuestra región.
Comenzaron su recorrido desde la base, en el corazón de la Reserva del Saja, para adentrarse en la magia pura de Cantabria en el Monte de las Tejas, una ruta mitológica donde el artista Terio Lombilla ha tallado en troncos secos a los personajes más fascinantes de la mitología cántabra. Un paseo circular apto para todos donde Ramón descubrió entre la maleza al temible Ojáncano, la dulce Anjana y al misterioso Hombre Pez.
La siguiente parada sumergió a la familia en la historia: el Conjunto Histórico de Cartes. Pasearon por sus empedradas calles admirando el impresionante legado de casonas blasonadas, palacios y la iglesia de San Vicente Mártir, que atestiguan el esplendor de este pueblo como antigua capital del valle. Para Ramón, fue un lugar encantador y tranquilo para pasear, donde cada rincón respira historia y la hospitalidad montañesa se siente en el aire.
El recorrido continuó hacia la costa para maravillarse con la Torre de Don Borja en la monumental Santillana del Mar, conocida como «la villa de las tres mentiras». Sus calles empedradas, transitables con mascota, son un viaje en el tiempo hasta la Edad Media.
La bravura del Mar Cantábrico les esperaba en los Acantilados de Suances. El sonido de las olas rompiendo contra las rocas y el aire salado crean una experiencia sensorial única que hasta Ramón supo apreciar.
Dejando atrás el mar, se adentraron de nuevo en el interior para explorar la Mina de Pepita en Ruente. Un corto y agradable paseo junto al río, ideal para hacer con perros, que lleva hasta la boca de una antigua mina rodeada de una exuberante vegetación.
La ruta costera les llevó después a Comillas, para admirar la fantasía arquitectónica del Capricho de Gaudí y pasear por su playa. Después, en San Vicente de la Barquera, disfrutaron de sus famosas vistas al castillo y a la puebla vieja desde el puente de la Maza, un paseo inolvidable con el mar de fondo.
No podía faltar una visita a Santoña, la capital de la anchoa, para perderse por las marismas de Victoria y Joyel, un humedal de importancia internacional donde las aves comparten espacio con paseantes y sus mascotas.
La vuelta a casa incluyó dos túneles muy especiales: el Túnel de Laredo y el Túnel de La Atalaya. Para el broche final, un lugar mágico: el Bosque de Secuoyas del Monte Cabezón. Pasear entre estos gigantes centenarios es una experiencia casi espiritual que cierra a la perfección un viaje inolvidable.
La aventura de Ramón demuestra que Cantabria es un paraíso para los amantes de los animales. Un destino donde cada rincón, desde la historia y la magia del interior hasta el mar, está esperando a ser descubierto por vosotros y vuestro compañero de cuatro patas.





